bala perdida
Dos campechanos
Ya tenemos a los dos campechanos mayores del panorama abrazados en lo alto de una demanda
Oficio de tertuliano
El kit de siempre
SI a Miguel Ángel Revilla le faltaba algún metal en el medallero, ahí tiene la primera demanda de un Rey, Juan Carlos I, que está lejos, pero no tanto. Resulta que el Rey aprecia calumnias o injurias o similares en algunas alegrías verbales de ... Revilla, cuando va a la tele. A mí la noticia me pareció un bulo, por los dos protagonistas selectos, y por lo inédito de la causa, pero ya he comprobado que no, y hasta anuncia Revilla una rueda de prensa, mientras escribo. Hay lío, porque ya tenemos a los dos campechanos mayores del panorama abrazados en lo alto de una demanda, ahora que andan más bien orillados de sus empleos históricos. Veo, asombradamente, que el Rey emérito, con esta iniciativa, pone un galardón impensable en la hoja de servicios de Revilla, un galardón inverso que consiste en distinguir a Miguel Ángel citándole en un juzgado. Eso, y que el Rey va atento al programa de Pablo Motos o Susanna Griso, que son dos sitios en los que Revilla entrena a menudo el reprís de su cháchara de rapsoda peatonal y tirando a optimista. Revilla es un señor hablador que después del pregón te regala una lata de anchoas, pero ha visto el Rey que entre lata y lata quizá coloca Revilla algún párrafo de incordio, y esos párrafos se los ha llevado a un abogado, para que proceda. Jarana tenemos, sí, suculenta jarana, y no sospechaba uno que de pronto los dos cátedros mayores de la campechanía pudieran preparar un encuentro no para rematar un cocido o una paella, sino para que un juez decida si lleva la razón el señor alto o bien el bajito. Así de exótica es España. El Rey emérito reside ahora en lejanías, y Revilla se domicilia a ratos en 'prime time', con lo que sólo quedaba entre ambos el vínculo del mando a distancia de la tele, que ha servido para que a Revilla le vayan a leer el código civil. Yo creo que a ambos les une lo mismo que les separa: la campechanía. En un caso, el de Revilla, para hacer de la tele un bar, y en el otro, el del Rey, para mandar una demanda como quien te regala un chiste.
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